jueves, 9 de abril de 2015

LAS TIC Y LA PROFESIÓN DOCENTE




 Si consideramos que el perfil de cualquier profesional se define a partir de las funciones específicas de su ámbito y el entorno socio-cultural en las que las debe desarrollar; podemos pensar que el perfil profesional de un maestro es el de formador de personas de manera que contribuyan a convertirlas en miembros activos y responsables de la sociedad en que viven.  El maestro tiene, en consecuencia, la función de preparar a las personas para que siendo distintas entre sí sean capaces de aceptar a los demás, así mismos y que puedan desarrollarse satisfactoriamente en una realidad social en constante evolución” (Minguell y Ferrés, 1995). Sin embargo, la profesión docente como cualquier otra  requiere de actualizarse sin modificar la esencia y naturaleza de las funciones propias de su perfil profesional.
 
Se puede afirmar que en la actualidad no existe ninguna profesión que no haya sido impactada por las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y su potencial se haya visto incrementado, especialmente por la ventaja fundamental que éstas ofrecen, como es procesar, difundir, acceder e  intercambiar  grandes volúmenes de información con relativa facilidad y en un tiempo muy reducido.
 
Es conveniente resaltar que asociado a este incremento se han producido algunos efectivos negativos que es necesario identificar y contrarrestar, como los mencionados por Jordi Adell: “aumento del ruido en la comunicación, saturación de información (o pseudoinformación) y su consecuente sobrecarga cognitiva, cambios en la forma de percibir la realidad, disminución y dispersión de atención, una cultura “mosaico” sin profundidad, falta de estructuración, superficialidad y estandarización de los mensajes, la información como espectáculo, etc.” (Adell, 1997).  Corresponde al sistema educativo, las instituciones y los profesores identificar y contrarrestar estos problemas.
 
Otro factor que debe ser analizado es la tendencia generalizada a confundir información y conocimiento.  El conocimiento implica interiorizar la información, codificarla y procesarla de una manera adecuada y acorde con la estructura cognitiva, la capacidad de asimilación, los conocimientos y experiencias previas, los referentes conceptuales  y el entorno en el que se desarrollan los sujetos emisores y receptores de la información.

Un tercer elemento a considerar, dentro de las posibilidades que ofrecen las TIC en el ámbito de la profesión docente, es la interactividad, la cual es necesario diferenciar de la interacción que, según la Real Academia Española “corresponde a la acción recíproca que se ejerce entre dos o más objetos, agentes, fuerzas, funciones etc.”(RAE, 2014).  Desde el punto de vista de la comunicación podemos afirmar que  la interacción es un proceso de intercambio de información  entre emisor y receptor que puede ser registrado, retroalimentado  y evaluado.
 
Sin embargo,  la interactividad trasciende este concepto y se ubica en el plano de lo social, pues incorpora no sólo el concepto de interacción sino la posibilidad que esta ofrece para obrar conjuntamente y permite  permutar los roles entre receptor y emisor, lo que ha desarrollado en los ámbitos laboral, profesional y, especialmente, educativo el concepto de trabajo colaborativo y ha venido transformando paulatinamente la relación entre profesores y estudiantes.
 
Un claro ejemplo de ello es la forma de interactuar de las denominadas comunidades virtuales, conformadas por grupos de personas separadas por el tiempo y el espacio pero integradas por intereses comunes y  conectadas a través de redes que, como internet, les posibilitan compartir información experiencias y conocimiento.

La interactividad afianza el crucial papel de las nuevas tecnologías en el panorama de la experiencia profesional docente, sustentado en la capacidad interactiva de la comunicación basada en computadores, redes informáticas, telemática, etc que rompen los esquemas tradicionales de la pedagogía, la didáctica y el binomio enseñanza/aprendizaje.  Como lo afirma Jordi Adell “es evidente que la mayoría de nuestros conocimientos sobre cómo enseñar provienen de entornos tradicionales y que, en muchos casos, no servirán en estos nuevos espacios” (Adell, 1997).

Tradicionalmente el maestro ha configurado su “saber” a través del manejo de información y este saber ha sido traspasado (trasmitido) a sus alumnos.  Sin embargo en la actualidad el maestro se ha convertido, como lo afirman Minguel y Ferrés (1995) en alguien que pone, o debe poner, al alcance de sus alumnos los elementos y herramientas necesarias para que ellos mismos vayan construyendo su conocimiento, participando activamente en su propio proceso de aprendizaje.

En este punto,  el aprendizaje se convierte en otro elemento vital de reflexión para el desempeño del profesor.  La integración de las diversas capacidades de comunicación señaladas anteriormente transforman radicalmente el significado de aprender.
Naturalmente, el aprendizaje no es una actividad restringida al ámbito educativo, sino que debe entenderse como un proceso natural y espontáneo del ser humano para apropiarse de la realidad, su entorno y el  mundo.  Es decir que, al hablar de TIC no podemos centrarnos en enfoques meramente instrumentales del aprendizaje; es necesario tener en cuenta los procesos de construcción del saber y del conocimiento, partiendo de la actividad constructiva del estudiante.

Por otro lado, “el papel que las nuevas tecnologías pueden jugar en el aprendizaje se justifica también, por el número de sentidos que pueden estimular, y la potencialidad de los mismos en la retención de la información.  Diversos estudios ya clásicos, han puesto de manifiesto, que se recuerda el 10% de lo que se ve, el 10% de lo que se oye, el 50% de lo que se ve y oye, y el 80% de lo que se ve, oye y hace. En otros términos, algunas de las NTIC, como la multimedia, son perfectas para la retención de información” (Cabero, 1996).

Con base en lo anterior  podemos afirmar que, frente a las TIC,  el profesor como agente facilitador en la construcción de nuevos conocimientos, saberes y culturas, no debe limitarse a su conocimiento dentro del contexto de la didáctica, sino a monitorear, analizar  y estar atento a los cambios que se producen en el contexto social en que éstas se desarrollan. 

REFERENCIAS

ADELL, Jordi (1997): Tendencias en educación en la sociedad de las tecnologías de la información.  EDUTEC, Revista Electrónica de Tecnología Educativa Nº 7, disponible en http://nti.uji.es/docs/nti/Jordi_Adell_Edutec.thml.

CABERO, Julio (1996): Nuevas Tecnologías, Comunicación y Educación. EDUTEC, Revista Electrónica de Tecnología Educativa Nº 1. Disponible en  www.uib.es/depart/gte/revelecs1.html.

MINGUELL, Meritxell, FERRÉS, Josefina (1995): Las nuevas tecnologías exigen un nuevo perfil de maestro?. EDUTEC, Revista Electrónica de Tecnología Educativa Nº 0, disponible en Disponible en www.uib.es/depart/gte/revelecs.html.